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La felicidad tras el despido. Parte I

Es un tópico hablar de despido y depresión, de fases de luto, de indefinición, desorientación, crisis. Como hubiera dicho Louis Van Gaal, “siempre negativo”. Pero, ¿Qué pasa con el lado positivo del despido? ¿Por qué nunca se habla de personas que han descubierto que existe una vida mejor tras un ERE? ¿Qué hay de todos aquellos que, de la noche a la mañana, han descubierto que eran auténticos emprendedores? ¿Por qué insistimos tanto en tapar nuestros fracasos? ¿Hay vida tras el despido?

Hoy iniciamos una sección nueva, una sección, parafraseando a mi querida amiga y “coopetidora” Arancha Ruiz, de historias de cracks, de historias de reciclaje positivo. Las hay, y muchas, aunque muchos nos hagan ver únicamente el lado negativo. Los anglosajones nos llevan ventaja, ellos saben sacar tajada de un fracaso como nadie. Es más, en un país como Estados Unidos, por ejemplo, muchos headhunters y muchos Capital Risc prescinden sin piedad de profesionales que no hayan conocido el fracaso.

Bienvenidos pues a la serie “La felicidad tras el despido“. Para poder completar esta serie necesitaré vuestros testimonios. Os ruego que si habéis experimentado un proceso de felicidad post-despido me escribáis en la sección de contacto de este blog con el asunto “La felicidad tras el despido“. Como no podía ser de otra manera, comenzaré con un caso que creo conocer bien, el mio.

El caso GR. La vida comienza a los cuarenta

El qué

Cuento con el privilegio personal y profesional de haber experimentado un despido, lo que fue la palanca de lanzamiento de una nueva vida con más sabores que sinsabores. Con más destellos de felicidad que de tristeza. Si  hoy me dedico al personal branding es gracias a lo que aconteció a finales de 2004.

El cómo

Inicié mi carrera profesional muy joven. Mi primera nómina, un contrato de prácticas en la agencia de publicidad Tiempo BBDO, está fechada en enero de 1979. Yo tenía 16 años y estudiaba por las noches. Ahí entendí que el entorno de la comunicación, la creatividad, la publicidad y toda la locura que conllevan se convertirían en mi profesión.

Y así fue. Pasé 11 años por J. Walter Thompson, luego por Bassat & Ogilvy y luego por Saatchi & Saatchi. En total, unos 20 años en el entorno de la agencia de publicidad internacional, trabajando para anunciantes de gran presupuesto y para marcas globales. Tras esos 20 años quise probar el sabor de formar parte del accionariado de una empresa, así que acepté la oferta para dirigir la agencia barcelonesa Altraforma. Corría el año 1998 y la experiencia no pudo empezar mejor.

Me sentía a gusto, trabaja con la misma intensidad o más, fines de semana, algunas noches. Pero trabaja “para mi”. Un cachito del resultado (si no recuerdo mal un 15%) era mio. En 2000 y 2001 conseguimos colocar a la agencia en lugares de ranking reservados a grupos muy grandes. Éramos un bombón. Recibimos muchas ofertas de compra de grupos multinacionales. Las circunstancias hicieron que no se aceptara ninguna de esas ofertas (craso error) y que en 2003 se avistaran signos de desaceleración. Algún cliente perdido, algún despido inoportuno, cosas que pasan en las mejores familias y que se suelen superar.

Pero sucedió algo que marcaría mi vida para siempre. Sin saberlo, me instalé en la “zona de confort“, en esa zona cerebral que impide ver la necesidad de cambiar la manera de hacer las cosas. Es posible que alguna circunstancia adversa en mi entorno familiar influyera en mi estado de ánimo, pero fuera como fuere en septiembre de 2004 llegué a un acuerdo de salida con el socio mayoritario de la agencia. Eufemismos al margen, me despidieron de la compañía. Hablemos claro, por favor. Vendí mis acciones y me fui en diciembre de ese mismo año, tras una fiesta de Navidad que se convirtió en mi funeral publicitario.

En enero de 2005, y gracias a algún anunciante que no se quería desprender de mi, inicié mi propio negocio, Lateral Consulting. Lo de lateral venía por la influencia positiva de Edward de Bono y su “Lateral thinking”, un libro que se debería leer a los bebés en la cuna.

Ahí descubrí que se podía trabajar como un burro y ser feliz. Las presiones eran mis presiones, nadie me ponía metas, me las ponía yo solo. Sin  saberlo, ideé mi propio personal branding plan. En 2007 acepté una oferta para gestionar en España el negocio de TVLowCost, una joven agencia francesa que rompió moldes y abrió en dos años filiales por todo el mundo desafiando con su filosofía a las grandes multinacionales. El invento no funcionó aquí, lo que me dio nuevos parámetros para saber lo que no hay que hacer, pero afortunadamente mi negocio con Lateral Consulting funcionaba bien.

En 2007, desde Lateral, empecé a trabajar en proyectos de estrategia y comunicación orientados a personas, a profesionales. Políticos, emprendedores, personas que habían sufrido un despido… Aun no lo sabía, pero mi buena amiga Linda Reichard un día me dijo que lo que yo hacía se llama “personal branding“.

A principios de 2010, de la mano del que luego sería mi actual socio, Jordi Collell, asistimos a una jornada en Madrid sobre marca personal capitaneada por el sherpa Andrés Pérez Ortega, y en octubre de ese mismo año abríamos SOYMIMARCA.

El porqué. Key learnings.

La felicidad existe. Solo hay que ir a buscarla. Y eso se consigue superando miedos.

Arriesgar es clave. Si no arriesgas puedes vivir razonablemente bien con un sueldo digno, pero será difícil que vayas a trabajar con el grado de motivación adecuado.

Se puede vivir con  menos. Muchas personas se cierran en banda a emprender por miedo a no llegar a los niveles de retribución  que tenían trabajando como empleadas.

Think big. Piensa en grande. Si tienes una buena idea, ponle recursos, no seas tacaño. No hay idea que prospere sin una inversión decente.

Rodéate de los mejores. Hasta ahí el tópico. Pero quiero decir rodéate de las mejores personas, de gente a la que puedas confiar las llaves de tu vida. Despréndete rápidamente de quien no comparta tu grado de entusiamo por el proyecto, se convertirá en un agente tóxico.

Hazte un plan. Tu plan. Sigue un guión. Y ves adaptándolo según las circunstancias. No te cierres a cambios de rumbo, pero mantén el destino. Y recuerda, como dijo el poeta griego Constantino Kavafis, que lo importante no es solo llegar al destino, sino aprender del viaje sin forzar la travesía.

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¿Quién escribe el guión de tu vida?

Una pregunta compleja a la que nos gustaría responder: YO.

Pero no siempre es así. Hay personas que sencillamente se dejan llevar por el destino. Ojo! es una opción. Hay personas que se marcan algún objetivo, pero no trazan la hoja de ruta para llevarlo a cabo y acaban dejándose llevar por la marea. Hay personas que, aún planificando su vida, encuentran obstáculos insalvables en el camino que les hacen desistir. Y finalmente, hay personas “locomotora” que planifican su vida de una forma tan sólida que no permiten que nada les altere su camino.

Desde aquí no somos nadie para recomendar una u otra opción, pero está claro que ser tu propio guionista aporta innumerables ventajas. Me he permitido “robarle” a mi amigo Antonio Nuñez, especialista en relato/storytelling, 4 vías para crear un guión interesante:

  • ¿Quién soy yo? Hay que ser creativos, incluir aspectos personales (rasgos del carácter o incluso alguna debilidad) que nos permitan destacar, construir credibilidad y generar empatía.
  • ¿Para qué estoy aquí? Apostar por la transparencia como arma contra el cinismo y la falta de confianza.
  • Relato visionario, frente a cifras, estadísticas, porcentajes… Como ejemplo, el que planteó Bill Gates ante su equipo en los primeros tiempos de Microsoft “Un PC en cada mesa“.
  • Valores en acción, ejemplos concretos y reales en lugar de alusiones a cualidades o virtudes en abstracto.

Las teorías son bonitas, pero no hay nada como un ejemplo. Sin ánimo de ser pedante, solo ilustrativo, os pongo el mío:

Yo me decidí por la publicidad a los 14 años. Entonces Paco, un tipo vestido de hippy con una supermoto venía a menudo a casa a buscar a su novia –mi tía Elena-. Era el año 1975, y ese look tan extremo, la moto, la rubia, el glamur… me llamó poderosamente la atención. Iba contra todo lo establecido, rompía los códigos de la época, era transgresor. Le pregunté a mi tía en qué trabajaba su novio. “Hace anuncios”, dijo “trabaja en una agencia de publicidad”. A los dos años, cuando cumplí 16, hice mi primer stage de prácticas en la agencia de la que Paco era Director Creativo. Ahora soy publicitario, y desde entonces he trabajado siempre en el entorno de la comunicación.

Tras vivir algunas experiencias más que interesantes en empresas como BBDO, J. Walter Thompson, Ogilvy, Saatchi & Saatchi… me di cuenta de que mi vida profesional tenía que seguir orientada en torno a las marcas. Pero tras esos 20 años de experiencias con marcas comerciales, me incliné por potenciar marcas personales. Como todo, tiene sus pros y contras: en lo negativo, es un oficio peor pagado, en lo positivo, siempre tratas con el presidente, con la persona que decide, y las experiencias con personas son más emocionales, más vividas, más sinceras. Por eso creé Lateral Consulting en 2005, y por eso he contribuido junto con mis colegas Montse, Ignasi y Jordi a crear SoyMiMarca hace casi dos meses.

Crearse una marca es como cumplir un sueño, es poner sobre la mesa nuestra carta a los reyes personal y profesional y establecer un camino para llegar. No es más que eso. Tiene sus rutinas, por supuesto, y quizás algún secreto, pero cualquiera lo puede hacer. Con ayuda siempre es más fácil, pero todos podemos crear nuestra propia marca. Solo hay que ser consecuente con tus valores y destacar un diferencial real, algo que te convierta en opción preferente. Seguro que lo tienes.

Guillem Recolons / Personal Branding Strategist / soymimarca